Escucha, Roberto Carlos

Como muchos sabéis, soy voluntario en un hospital de una orden religiosa. Voy varias veces por semana y es una experiencia tan dura como gratificante. Ayudo a los demás y, a cambio, puedo ser testigo de situaciones que, en otro contexto, no conocería.

Recientemente, en la planta de maternidad, presencié una escena muy conmovedora, entre unos padres y su bebé recién nacido. Hablé con ellos y les pedí permiso para compartir su historia pues, lo que allí aconteció, era digno de ser contado.

Con todo el respeto y el cariño a esta nueva familia, transcribí palabra por palabra lo que en aquella habitación de hospital se dijo, para uso, disfrute y aprendizaje de mis bienamados followers.

Madre: Escucha, Roberto Carlos.
Bebé: ¿Roberto Carlos?
Madre: Sí. Atiende a esto, es importante para tu desempeño como ser humano.
Bebé: ¿Roberto Carlos?
Madre: ¿Qué pasa?
Bebé: ¿Como el futbolista o como el cantante?
Madre: Niño, qué más da. Mira, lo que tienes que…
Bebé: No, no. Un momento. Es mi segundo día de vida, aún no he salido del hospital y de pronto me entero que mi nombre es Roberto Carlos. Exijo saber por qué. ¿Es por el futbolista o por el cantante?
Madre: Ni por el uno ni por el otro. Te llamas así por nosotros.
Bebé: ¿Perdona?
Madre: Tu padre y yo te pusimos nuestros nombres. Roberto y Carlos.
Silencio
Bebé: Papá.
Padre (cierra el libro): Dime, hijo.
Bebé: ¿Cómo te llamas?
Padre: Carlos.
Silencio.
Bebé: Papá.
Padre: Dime.
Bebé (baja la voz): ¿Se llama Roberto?
Padre: Sí, hijo. Sí.
Bebé: ¿Te llamas Roberto?
Madre: Sí.
Bebé: Papá, ¿cómo puede ser que mamá se llame…?
Padre: ¡Chist! (Abre el libro y vuelve a leer) ¡No digas nada! ¡Nada!
Bebé: ¡Pero papá…!
Padre: ¡Estoy leyendo!
Bebé: ¡Papá!
Padre: Voy a darme una vuelta por la unidad de quemados. (Sale)
Madre: Niño, mírame. Presta atención y procura que estas palabras se queden grabadas en ti.
Bebé: Primero aclárame lo de Roberto.
Madre: Carlos. Tu padre se llama Carlos. Roberto soy yo. Papá, Carlos. Mamá, Roberto. Pues resulta que siempre que está en un hospital aprovecha y se da un paseo por la unidad de quemados. Así al terminar piensa “bueno, no estoy tan mal”. Es un consejo que le dio su coach.
Bebé: ¿Qué coño?
Madre: ¡Niño! (Le abofetea) ¡No digas palabrotas! ¡Eres extremeño! ¡Los bebés extremeños no dicen palabrotas!
Bebé: ¡¿Quééé?!
Madre: Coge papel y boli. Apunta…
Bebé (horrorizado): ¡¿Soy extremeño?!
Madre: …la vida consiste en una sucesión de momentos felices y momentos desgraciados.
Bebé: ¡Calla! ¿Cómo que soy extremeño? ¡No puedo ser extremeño!
Madre: ¡Roberto Carlos! No te estás portando nada bien. ¡Déjame terminar mi speech!
Bebé: ¡Un momento! ¡Yo no soy extremeño! ¡Es imposible! ¡Sé hablar! ¿Cómo voy a ser extremeño si soy capaz de expresarme con una sintaxis elaborada y compleja? ¡Los extremeños no hablan a partir del segundo día de vida, madre!
Madre: No me llames madre. Mi nombre es Roberto.
Bebé: ¡No, si encima eso! ¡Mi madre se llama Roberto y además, soy extremeño! ¡Menuda forma desgraciada de iniciarse en la vida!
Madre: Venga, que pierdo el hilo. No me interrumpas más, por favor. Voy. La vida consiste en una sucesión de momentos felices y momentos desgraciados…
Bebé: Un momento. (Pausa) Pásame el tabaco, por favor.
Madre: Ay. ¿Vas a ser tan dramática siempre? (Le pasa el paquete de tabaco)
Bebé (cogiendo un cigarro): ¿Dramática?
Madre: Sí, hija. Dramática.
Bebé: ¿Hija? ¿Cómo que hija? (Se enciende el cigarro)
Madre: Son las 15.00. De 15.00 a 21.00 eres niña y te llamas Leire.
Bebé: ¿Cómo que de 15.00 a 21.00 soy niña? ¿Qué dices? ¿Cómo voy a ser niña? ¿Tú has visto lo que tengo aquí entre…
Madre: Escucha, Leire guapa…
Bebé: ¿Leire? ¿Cómo la cantante de la Oreja de Van Gogh?
Madre: Sí.
Bebé: Hasta aquí. (Se baja de la cuna) Dame las llaves del coche.
Madre: ¡Leire! ¡Vuelve a la cuna ahora mismo! ¡Tienes que escuchar mis buenos consejos para desenvolverte en la vida!
Bebé: ¡Dame las putas llaves!
Madre: ¡Oh! ¡Las niñas extremeñas no dicen palabrotas!
El bebé inmoviliza a su madre con una llave de judo.
Bebé: Da-me las pu-tas lla-ves.
Madre (con la cara pegada al suelo): ¡Vale! ¡En el bolso! ¡Están en el bolso!
Bebé: Gracias, “Roberto”. (Sale)
Entra el PADRE.
Padre: Bueno, no estoy tan mal. (Pausa) ¿Y el niño?
Madre: La niña, Carlos. Son las 15.05.
Padre (suspira): Ay, señor. (Pausa) ¿Y la niña?
Madre: Ha cogido el coche y se ha ido a casa.
Padre: ¿Pero cómo que el niño ha cogido…
Madre: ¡La niña!
Padre: ¿Cómo va a conducir la niña? ¡Que el coche es automático!
Madre: Tranquilo. Es muy lista. Ha salido a su padre. Hace la llave de judo igual que tú. (Pausa) ¿Qué haces? ¿A dónde vas?
Padre: ¡A buscarlo!
Madre: ¡Te acompaño!
Padre: ¡No! ¡Tienes que descansar, Roberto! ¡Acabas de dar a luz!
Madre: ¡Es verdad! ¡Ay! ¡Que me viene otro!
Padre: ¿Otro bebé? ¡¿Pero cómo que te viene otro bebé?!
Madre: ¡Sí! ¡Ay, ay! ¡Cógelo, cógelo!
Padre: ¡La cabeza! ¡Veo la cabeza! ¡Por dios! ¡Menuda cabeza!
Madre: ¡Aaaah! ¡Aaaaah!
Padre: ¡Ya está! (Pausa) ¡Qué horror! ¡Este bebé solo tiene cabeza!
Madre: ¿Cómo?
Padre: ¡Mira! ¡Este bebé es solo una cabeza! ¡Ni brazos, ni torso! ¡Nada! ¡Una cabeza de 3 kilos!
Madre: ¡Qué bien! ¡Lo que nos vamos a ahorrar en calcetines!
Entra el BEBÉ.
Bebé: ¡Me he dejado los patucos! ¿Dónde están los…? (Ve a PADRE acurrucando una cabeza de bebé) ¿Qué coño?
Madre: ¡Leire! ¡Saluda a tu hermanito!
Pausa. BEBÉ encuentra los patucos. Se los pone. Suspira.
Bebé: Carlos, Roberto. Un placer. Gracias por darme la vida. Hasta nunca. (Sale)
Madre: Leire está muy rara últimamente.
Padre: Toma a tu hijo (Le da la cabeza) Me voy.
Madre: ¿Me dejas aquí sola recién parida?
Padre: Sí. Hasta nunca, Roberto. (Sale)
Silencio.
Madre: Escucha, Roberto Carlos.
Cabeza: ¿Roberto Carlos?