Se ha adueñado de la casa.

Como algunos de vosotros sabe, durante un par de años trabajé como asistente de un prestigioso asesor matrimonial de Madrid. Entre mis funciones estaban la de organizar las citas, tomar notas y transcribir las sesiones con los pacientes para su posterior análisis.

Recuerdo que me impactó notablemente la historia de Cornelia y Lucio, una agradable pareja de inmigrantes napolitanos. La casualidad hizo que, reordenando mi cuarto, encontrara el cuaderno de sesiones y, en él, la decimocuarta sesión que tuvimos con este matrimonio.

Comparto con vosotros estas anotaciones porque si, indudablemente, aprendemos mucho de nuestras propias experiencias, no podemos decir que aprendamos menos de las ajenas.

Cornelia: Se ha adueñado de la casa.
Lucio: Y de nuestras vidas.
Cornelia: Esto no puede seguir así.
Lucio: ¿No podemos devolverlo?
Cornelia: Cómo vamos a devolver un niño, bestia.
Lucio: Volvemos y lo dejamos en la puerta del orfanato.
Cornelia: Eso es ilegal.
Lucio: También son ilegales los intentos de homicidio.
Cornelia: Ya, pero…
Lucio (le interrumpe): Contando con el de anoche, el niño lleva veintisiete intentos de homicidio esta semana.
Cornelia: Sí…
Lucio: Que tu hijo adoptivo intente asesinarte justifica el abandono.
Silencio.
Cornelia: ¿Por qué ir hasta allí? ¿Por qué no abandonarlo aquí en España?
Lucio: Podemos abandonarlo en España. Pero ya que estamos, otro viajecito por Europa del Este tiene su puntito. Quiero ver los bosques caducifolios.
Cornelia: ¿Qué dices, pedazo de bruto? En Europa del Este no hay bosques caducifolios.
Lucio: No empecemos, Cornelia. No empecemos.
Cornelia: El ecosistema forestal de esa zona geográfica son dos: tundra y taiga.
Lucio: ¿Pero tú te estás oyendo? ¿TE ESTÁS OYENDO?
Cornelia: ¡¡OYE A MÍ NO ME GRITES!!
Lucio: ¡¡CÓMO NO TE VOY A GRITAR!! ¿¿TUNDRA Y TAIGA EN EUROPA DEL ESTE?? ¡¡POR FAVOR, POR FAVOR!!
Cornelia: ¡¡TÚ NO HAS VISTO UN BOSQUE CADUCIFOLIO EN TU VIDA, LUCIO!!
Lucio (le tapa la boca): ¡¡Shiiisst!!
Cornelia: Hmmpphhmmm.
Lucio: Algo ha pasado.
Cornelia (se zafa de él): ¿El qué?
Lucio: No sé. Algo ha pasado.
Cornelia: ¿¿El qué??
Lucio: ¡YO QUÉ SÉ, CORNELIA! ¡YO QUÉ SÉ!
Cornelia: ¡¡LUCIO, RELÁJATE POR DIOS Y NO GRITES!!
Silencio.
Lucio: Ha pasado algo y no sé el qué.
Cornelia: ¿Ya está?
Lucio: Cómo que ya está. Me acaba de venir el presentimiento de que algo ha pasado. ¿Te parece poco?
Cornelia: Mira. Déjame de presentimientos.
Lucio: Vamos a ver, cariño. Bella flor del amanecer, tierna luciérnaga septentrional: eso es porque no sabes tener presentimientos y no me entiendes.
Cornelia: ¿Que no sé tener presentimientos?
Lucio: En absoluto.
Cornelia: ¿Y tú si sabes?
Lucio: Aprendí con un tutorial de Youtube.
Cornelia: Ahá.
Lucio: Mira. (Le sienta en el sofá). Ponte así.
Cornelia: ¿Así?
Lucio: Muy bien. Ahora coloca tu brazo ahí.
Cornelia: Ya.
Lucio: Bien. El talón apunta para el otro lado, corrígelo.
Cornelia: Ay, perdón.
Lucio: No pasa nada, mi aurora boreal, estás aprendiendo. (Pausa). Ahora quédate así quieta. Céntrate en la respiración un rato. (Pausa) Cerramos los dos los ojos. (Pausa)
Se quedan ambos en silencio, sentados y con los ojos cerrados.
Lucio: ¿Cómo vas?
Cornelia: Algún presentimiento tengo.
Lucio: Bien.
Pausa.
Cornelia: Lucio.
Lucio: Cornelia.
Cornelia: Estoy teniendo muchísimos presentimientos.
Lucio: Genial.
Cornelia: Es muy efectiva esta técnica.
Lucio: Sí.
Cornelia: Tenemos que hacer esto todos los martes de cuatro a cinco.
Lucio: Sí.
Cornelia (con placer): Aaaah. (Pausa) Ya no me vienen más.
Lucio: Vale. Abrimos los ojos y comentamos.
Abren los ojos.
Cornelia (Llena de pánico): ¡¡AAAAAH!! ¡¡¡AAAAAAHHHH!!
Lucio (Lleno de pánico): ¡¡AAAAARRRRJJJJJ!! ¡¡¡¡AAAAAAAAAAAAARRRRRGGGG!!!
Cornelia: ¡¡¡NO VEO NADA!!! ¡¡¡ESTOY CIEGA!!!
Lucio: ¡¡¡YO TAMPOCO VEO NADA!!!
Cornelia: ¡¡QUÉ HA PASADO!! ¡¡AAAAH!!
Lucio: ¡¡NO LO SÉ!! MÍRAME LOS OJOS, ¿TENGO ALGO?
Cornelia: TE HE DICHO QUE ESTOY CIEGA, IMBÉCIL.
Lucio: ¡PERDÓN! ¡¡ES QUE ESTOY CIEGO Y NO OIGO!!
Cornelia: ¡¿VAMOS A MORIR?!
Lucio: ¿MORIR?? ¡¡YO NO PUEDO MORIRME AHORA, QUE TENGO MUCHA PLANCHA!!
Cornelia: ¡Abrázame, Lucio!
Lucio: ¡Abrázame, Cornelia!
Ambos se mueven por el salón, tropezando con los muebles, buscándose el uno al otro sin éxito.
Cornelia: Estoy cansada. (Se detiene)
Lucio: ¿No me abrazas?
Cornelia: No.
Lucio: Vale.
Cornelia: Perdón.
Lucio: ¿Me quieres? ¿Resplandor del alba? ¿Me quieres?
Cornelia: No lo sé.
Lucio: Oh.
Silencio.
Cornelia: Nuestro hijo adoptivo está destruyendo nuestro matrimonio.
Lucio: Sí. Tenemos que hacer algo.
Cornelia: Primero vayamos a Urgencias.
Lucio: ¿Para qué? El niño está sanísimo, lamentablemente.
Cornelia: Me gustaría recuperar la vista, Lucio.
Lucio: Ay, es verdad. (Ambos se dirigen hacia la entrada chocándose con los muebles con todo los muebles de la casa y los marcos de las puertas)
Cornelia: Coge las llaves del coche.
Lucio: No, vamos en taxi. Conducir bajo los efectos de la invidencia es ilegal. Te pueden multar y deportarte a Extremadura.
Cornelia: Uy, no. Qué miedo. (Salen)